Inanición, de Daria Pietrzak

Aun recuerdo el momento en el que me perdí dentro de los mundos de El morador, la primera novela de Daria Pietrzak. Había escuchado infinidad de elogios hacia la obra y me acerqué a ella con esa mezcla de curiosidad y expectativas que pueden lastrar cualquier producto si, al final, no se acercan a lo que uno espera. La incertidumbre fue solo un espejismo ya que, desde el capítulo inicial, Daría despellejaba todo tipo de dudas presentándonos una narración cercana, casi familiar, que conseguía meterte de lleno en la historia de sus protagonistas, llevándote de la mano hacia lo más siniestro que pueda soportar el peso de los recuerdos.

Esa misma incertidumbre, incrementada por la sorpresa que nos deparó a todos esa puesta en largo de Daria en cuanto a la novela, sufre del mismo desenlace en cuanto empiezas a leer los primeros párrafos de Inanición. Y es que la escritora parece ser consciente de la madurez, y el riesgo, que supone plantear las bases de una nueva historia cuado ya se tiene a un público expectante ante su propuesta. Así que esta novela la inicia sentando la bases de una experiencia narrativa en la que la fuente principal de terror surgirá del desconcierto que irradia lo desconocido.

El aula de un colegio, un maestro reacio a admitir las habladurías de un pueblo, un grupo de niños que miran con inquietud a las sombras que se proyectan en la ventana. Elementos sencillos, reconocibles por todos, llenos de recuerdos que apelan a una época lejana en la que la inocencia no impedía sentir que algo a nuestro alrededor iba mal. La capacidad que tiene Daria de plantearnos situaciones incómodas partiendo de elementos tan cotidianos le permite jugar con el lector y llevarle hacia una enorme casa del terror que, en Inanición, se engrandece hasta abarcar todo el pueblo de San Nicolas.

De ese modo, el miedo ya forma parte del lector desde el prólogo. De ahí que Daria decida dejar esa maldita semilla para llevarnos a otro lugar bien distinto. Lejos en el tiempo y en la distancia. Nos lleva a un trayecto en coche en el presentarnos a una pareja que acompañará a los lectores para ayudarles a desentrañar todos los secretos que estarán por salir a la luz. No será necesario entrar en detalle de los espantos a los que se verán enfrentados nuestros protagonistas, incapaces de entender todo aquello que ocurrirá en medio de las sombras. Como en El morador, el pasado deja su impronta en el pueblo llenando de oscuridad las calles, las casas, las paredes a su alrededor, las cuales están llenas de hambre y maldad. El título de Inanición representa a la perfección lo que nos podemos encontrar entre el aroma viciado del pueblo de San Nicolas.

Pero es que Daría aprovechará a esos personajes desbordados por los miedos de ese tren de la bruja para abordar otras temáticas mucho más cotidianas que, al igual que sus pesadillas, nos conseguirán quitar el sueño. Las crisis de pareja, la madurez en las relaciones, el afrontamiento de los problemas, la lealtad…todos un crisol de conflictos que atenazan a una pareja cuyos fantasmas se esconden tras la herrumbre decrépita de las paredes.

De tal manera que Inanición nos acerca a una de esas historias de terror en donde las narración te llevará a donde tu quieras. Desde un oscuro pozo en el que el aire escasea mientras el sol dejará paso al reino de la noche a una de esas historias de fantasmas cuyo grito reclamando atención llenará de lamentos cada una de estas páginas. Leas lo que leas, el libro da miedo y eso, a día de hoy, hay que celebrarlo.

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